El legado oculto de los cementerios de Barcelona
Barcelona dio un paso histórico el pasado 14 de septiembre. La ciudad presentó un proyecto para recuperar la memoria de los antiguos recintos protestantes en sus cementerios. Este avance busca el reconocimiento y la reparación histórica. Nosotros pudimos asistir a este acto en la capilla del Cementerio de Sant Andreu. El evento sacó a la luz una realidad silenciada durante décadas. La comunidad evangélica y otros colectivos sufrieron segregación y discriminación, incluso en el momento de la muerte.
Un proyecto de justicia histórica
La pastora Noemí Cortés, presidenta de la Institució Bíblica Evangèlica de Catalunya (IBEC), lideró esta rigurosa investigación durante años. El estudio comenzó en 1994. El objetivo inicial era buscar información sobre los miembros históricos de la iglesia evangélica de Gràcia (c/. Teruel, 22). Gracias a este trabajo, el equipo logró identificar cinco antiguos recintos protestantes. Estos espacios están en los cementerios barceloneses de Poblenou, Sant Andreu, Les Corts, Sant Gervasi y Montjuïc.
La IBEC, el Consell Evangèlic de Catalunya y Cementiris de Barcelona impulsaron el proyecto de forma conjunta. Las administraciones públicas también brindaron su apoyo institucional.

Miquel Trepat, director general de Cementiris de Barcelona
Varias autoridades e instituciones participaron en el acto de presentación. Entre ellas destacaron Miquel Trepat, director general de Cementiris de Barcelona, y Richard Sánchez Jiménez, comisionado del Ayuntamiento de Barcelona. También asistió Ramon Bassas, director general de Afers Religiosos de la Generalitat, junto a consejeros del distrito de Nou Barris.
Guillem Correa, secretario general del Consell Evangèlic de Catalunya, tomó la palabra durante el evento. Remarcó que el pueblo protestante es «el olvidado de la reciente memoria histórica». Además, señaló la falta previa de actos de reparación tras años de apartamiento y silencio.
Discriminación religiosa
Las leyes establecieron una estricta separación confesional en los enterramientos durante el siglo XIX y gran parte del XX. La única excepción breve ocurrió durante la Segunda República y tras la Constitución de 1978. La normativa prohibía enterrar a los protestantes en los recintos católicos generales. El ayuntamiento les destinaba espacios anexos aislados por tapias y puertas independientes. El objetivo era evitar el tránsito de los cortejos fúnebres por la zona mayoritaria.
Las condiciones resultaban muy duras y restrictivas:
- Prohibición de símbolos: Las autoridades prohibían construir capillas o colocar cualquier símbolo visible de fe.
- Ceremonias clandestinas: Las familias debían celebrar los entierros con absoluta discreción. A menudo omitían cánticos, lecturas y predicaciones.
- Trato indigno: Las administraciones denegaban o retrasaban los permisos frecuentemente. Por ello, las familias debían enterrar a sus difuntos en fincas privadas o de noche. Algunos documentos registran trágicas profanaciones donde los cuerpos quedaban a la intemperie.
Un espacio histórico de inclusión

Foto del grupo frente a la placa inaugurada
El Cementerio de Sant Andreu ocupó el lugar central en esta ocasión. Las autoridades y miembros de las iglesias se congregaron frente a la antigua puerta, hoy tapiada. Esta entrada daba acceso al antiguo recinto protestante. En ese punto, los asistentes inauguraron un panel informativo. Este elemento explica y recupera la historia del lugar para devolverle su identidad.
Noemí Cortés recordó el valor de este rincón de Sant Andreu. En la práctica, funcionaba como un espacio de inclusión para todos los excluidos de la época. Allí hallaron sepultura protestantes, judíos, masones, anarquistas, republicanos y personas no bautizadas. El paso de los años borró esta identidad plural. Los registros llegaron a clasificar la zona únicamente como «recinto hebreo».
Reparación y visibilidad
El proyecto general incluye la señalización y «museización» de los recintos mediante paneles explicativos. Además, integra estos espacios en diversas rutas culturales. Esta iniciativa recupera la geografía funeraria de Barcelona. Al mismo tiempo, restituye la dignidad de las personas enterradas allí.
La historia de los protestantes es también nuestra historia. Han estado en Cataluña conviviendo desde los inicios de la Reforma en el siglo XVI.
Los participantes en la jornada llegaron a una clara conclusión. Recuperar la memoria de estos cementerios visibiliza la historia de esta comunidad. El exilio interior y la discriminación marcaron su pasado. Sin embargo, su legado constituye una parte fundamental de nuestra memoria colectiva y patrimonial.